En este espacio encontrarás avances de nuestra investigación, a través de artículos, reseñas de entrevistas, fotos y videos sobre la cumbia chilena. La invitación es sumarte al trencito, mirando, leyendo, recordando y comentando con tus anécdotas y datos tiesos o cumbiancheros ¡Porque no es necesario saber mover las caderas para bailar la cumbia chilena!

El embrujo de la cumbia

En la voz de Américo conocimos en Chile la cumbia “El embrujo”, incluida en el disco que inauguró su carrera solista Así es (Feria Music, 2008). Por medio de esta canción (y su disco) Américo despliega sus mejores cualidades, alcanzando rápidamente fama y éxito a nivel nacional, que lo llevan dos años más tarde a presentarse en el Festival de la Canción de Viña del Mar (2010) y a dar sus primeros pasos para proyectar internacionalmente su carrera musical, al más puro estilo Marc Anthony, el rey de la salsa en Miami.

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Compuesta por el peruano Estanis Mogollón y popularizada por el Grupo 5 en 2004, “El embrujo” logró tal éxito mediático y comercial en Perú, que llevó a su compositor a recibir el premio “Mejor compositor de año” - otorgado por la Asociación Peruana de Autores y Compositores (APDAYC, 2007) - y al Grupo 5, a transformarse en la orquesta peruana de mayor rentabilidad durante el año 2009[i], realidad no muy lejana a la situación de Américo en Chile.

Oriundo de Arica, Américo comenzó desde muy pequeño a cantar junto a su padre, Melvin “Corazón” Américo, y a participar en festivales locales y regionales del norte de Chile. En este territorio fronterizo, recibe y absorbe influencias musicales provenientes de Perú, Bolivia y el noreste argentino, especialmente los sabrosones y festivos ingredientes sonoros del sound y la bailanta.
A mediados de los noventa, se integra como vocalista al Grupo Alegría (Punitaqui, Coquimbo), con quienes se radica en Santiago buscando profesionalizar su trabajo musical, interés que en el inicio del nuevo milenio lo lleva a emprender su carrera en solitario, convencido del potencial de su figura como intérprete.
Luego de años de giras y conciertos, tanto nacionales como internacionales, Américo junto a La Nueva Alegría (su nueva banda),  logra editar y producir su primer disco Así Es (Feria Music, 2008), sobre lo que relata:

 “Con las vivencias y el dinero que gané en esa época pude grabar el disco ‘Así Es. Fue un trabajo a pulso, yo lo produje y lo grabé en mi casa. Me parece increíble que haya obtenido tanto éxito”[ii]

En el raudo ascenso mediático de su primer single, “El embrujo”, fue fundamental la apuesta de Radio Corazón (Santiago), una de las radioemisoras con mayor audiencia a nivel nacional, que lo incluyó reiteradamente en su parrilla programática, incluso antes de que el disco estuviera a la venta.

Como un presagio, “El embrujo” surtió su efecto en la industria, el público y la crítica chilensis que posicionaron la voz de Américo y los ritmos de su Nueva Alegría, como un referente cumbianchero de proyección internacional, llegando incluso a ser premiado por la APDAYC (febrero, 2010) como mejor intérprete extranjero de composiciones peruanas, el mismo verano que su performance fuera uno de los platos fuertes del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar (el principal evento mediático de nuestra escena musical, al que acceden pocos cultores locales de repertorios festivos, y menos aun, “populacheros” como el sound.)


Estanis y Américo, APDAYC 2010. Foto: Gentileza de http://puntodeencuentrocanete.blogspot.com

Pero, ¿cómo fue posible que un humilde ariqueño conjurara un hechizo tan efectivo?, ¿qué hizo que su primer single se transformara en “El” embrujo de su cumbia, legitimando su figura como producto nacional de exportación?.

Desde nuestro punto de vista, tres son los ingredientes que, imbricados y paradójicos, permiten comprender el impacto de Américo y su Embrujo. El primero de ellos consiste en que la exotización mediática de su origen y de su esforzada historia de emprendimiento, han conformado una imagen y un producto ampliamente atractivo para el ocio y los bolsillos de nuestras élites chilensis, las que desde sus diversos espacios de mercado (como público o como agentes tras bambalinas en la producción musical y en la edición de contenidos) han sabido explotar comercialmente la carrera de Américo, alimentando masivamente el morbo local. No es casual entonces que en la intensa re-transmisión de su presentación en el Festival de Viña del Mar por diversos programas de la televisión abierta, se exhibiera a su familia, caricaturizando los rasgos más emblemáticamente exotizantes de su origen popular: su orgulloso padre moreno, su exuberante madrastra teñida de rubio y su pequeño hermano imitando la estética de su ídolo familiar.

Paralelamente, este proceso va abonando terreno a la carrera de Américo, quien entra en el juego de su propia exhibición exotizada para alcanzar su tan anhelado éxito, al tiempo que va generando una identificación aspiracional entre su historia y los sectores populares que gozan con su repertorio, en especial para los propios cultores cumbiancheros locales sin acceso a medios de difusión y/o producción fonográfica, que se imaginan Américos, como en el fútbol del potrero se sueña con estar en los toperoles de la estrella que triunfa en las canchas europeas.

No obstante, no podemos atribuir sólo a la industria, la efectividad de este Embrujo. El segundo ingrediente ha sido aportado por el propio Américo quien, conciente de que su origen podría jugarle una mala pasada para perpetuar sus logros en un país como Chile, donde el valor por lo nacional se confunde con la xenofobia y la cultura con el clasismo, ha luchado firmemente por profesionalizar su trabajo, rodeándose de un vasto equipo de productores, arreglistas, músicos de sesión, técnicos en sonido, y muy especialmente asesores de imagen, que van camuflando, su identidad mestiza (indo-afro-ariqueña) y popular.

De este modo, la lucha por profesionalizarse lo lleva a su propio blanqueamiento, inspirado en la fórmula de éxito de uno de sus principales referentes, Marc Anthony, el ícono de la salsa blanqueada y desprovista vínculos con su origen afrocubano y centroamericano, que hace carrera en Miami de espaldas a su pasado histórico y cultural, al tiempo que se sirve de la sabrosura y seducción de sus contagiosos ritmos para garantizar su reconocimiento y ascenso social.

El esfuerzo de Américo por “blanquearse” se hace evidente en su preocupación escénica, que lo lleva a incorporar un vestuario diferente en cada presentación, con un estilo siempre elegante, exclusivo y costoso, que homologan la construcción de su imagen con la de un modelo de alta costura, alejándolo aun más de sus rasgos de origen.
Américo junto a la conductora de TV Tonka Tomicic asesorándolo a escoger ropa en tiendas exclusivas de Buenos Aires.
Este doble proceso de profesionalización y blanqueamiento, ha llevado también a Américo a distanciarse del estilo cumbianchero que permitió sus primeros logros en la escena nortina, el sound, acercándose al estilo romanticón y estilizadamente pachanguero de la cumbia balada, que incorpora arreglos armónicos y estructurales propios de la balada[iii], como puede apreciarse en la versión de “El embrujo” incluida en su presentación de Viña 2010, made for export.


Frente a esto, llama la atención la actitud de los animadores del Festival de Viña, quienes sin dejar espacio para la opinión del artista, exhiben crudamente el trofeo otorgado por el público asistente, enfatizando en la consagración de su carrera con una clara alusión a que este brillante galardón, ahora en sus manos, da cuenta  que Américo había logrado alejar la oscuridad de su pasado, para consagrarse en las luces del espectáculo, exaltando los valores de “el esfuerzo, la humildad, el trabajo” [iv], hecho ante el cual, su familia caricatiruzada, aplaudía orgullosa desde la distancia física y social del público informe.

Así, la exotización comercial de la industria, sumada al profesionalismo cultural y socialmente higienizante gestado por el propio Américo, van conjurando un Embrujo encarnado en su voz e imagen cumbianchera, que de manera rauda, permiten que el público chileno (ampliamente xenófobo con sus países limítrofes, en especial con aquellos de alta presencia indígena, como Perú) goce eufórico su ritmo, coree su letra y termine por identificar como propia a una composición peruana, que hoy es referente obligado de nuestro repertorio cumbianchero local.  

Sin embargo, este conjuro tiene un último ingrediente. Se trata de los atributos de la propia canción “El embrujo”, capaz de catapultar rápidamente a la fama a creadores e intérpretes, llenar los bolsillos de productores y agentes, y al mismo tiempo, seguir operando como un referente sociocultural de amplia representatividad, como puede apreciarse en este video documental del Carnaval de Oruro 2010, donde una comparsa indoboliviana vuelve el Embrujo a su origen mestizo y popular, el mismo verano que Américo la consagrara como parte del repertorio profesional y blanqueado de proyección internacional.  


video
Video: Gentileza Álvaro Cofré

“El embrujo”, de la mano del Grupo 5 en Perú, de Américo en Chile, o de una comparsa carnavalera en Bolivia, logra trascender así las controversiales fronteras entre el folclor y la música popular[v], entre la mestiza identidad de los sectores populares y el afán civilizador de nuestras élites regionales, entre los límites geopolíticos y las identidades nacionales, con su simple y contagioso ritmo y con la temática de su letra siempre vigente y universal, de amores y desamores.

Y es que la identidad, como la definición de los géneros musicales, son construcciones sociales que adquieren sentido en la medida en que se apropian, significan y relevan en sus contextos particulares[vi], como sucede con nuestra cumbia chilena, la que sin ser tan nuestra, ni tan cumbia, una y otra vez nos embruja, haciendo que el instante en el que sus sones remecen nuestros poco agraciados cuerpos, nos sintamos parte plena y orgullosa de una misma colectividad[vii], aun cuando al caer el telón, ésta se diluya en exclusiones clasistas, arribismos individualistas y caricaturas xenófobas de nuestras identidades nacionales.


[i]  Armando Massé  en Raúl Castro Pereyra, “Estanis Mogollón, el hombre que se hace rico con la cumbia”. Gestión, el diario de economía y negocios del Perú. 4 de enero de 2010. En línea: [>http://gestion.pe/noticia/390549/estanis-mogollon-hombre-que-se-hace-rico-cumbia]

[ii]  Américo relata en su biografía oficial. En >www.americo.cl

[iii]  López Cano, 2005: 2 -3.

[iv] En palabras del conductor Felipe Camiroaga al felicitar a Américo cuando le hace entrega del galardón por su participación en el Festival de Viña 2010.  >http://www.youtube.com/watch?v=rskwhr55-i8&feature=related (07’:00’’ – 07’:10’’)

[v]  Ochoa, 1998: 178 – 179.

[vi]  En el sentido que se explica el concepto de relevancia social en: Martí, Josep, 1995.

[vii]  Frith, 2001: 418.   

Bibliografía

-     Raúl Castro Pereyra, “Estanis Mogollón, el hombre que se hace rico con la cumbia”. Gestión, el diario de economía y negocios del Perú. 4 de enero de 2010. En línea: [>http://gestion.pe/noticia/390549/estanis-mogollon-hombre-que-se-hace-rico-cumbia]
-     Biografía del Grupo 5 de Perú, en  [>http://www.adonde.com/biografia/grupo5.php]
-     Sitio web oficial de Américo [>www.americo.cl]
-     López Cano, Rubén. 2005. “Más allá de la intertextualidad. Tópicos musicales, esquemas narrativos, ironía y cinismo en la hibridación musical de la era global”. Nassarre: Revista aragonesa de musicología (ISSN 0213-7305), 21/1. (Ejemplar dedicado a: ¿A quién pertenece la música?: la música como patrimonio y como cultura: Actas del VIII Congreso Internacional de la Sociedad Ibérica de Etnomusicología), (www.lopezcano.net).
-     Martí, Josep. 1995. “La idea de la relevancia social aplicada al estudio del fenómeno musical”. Trans 1. (>www.sibetrans.com)
-     Frith, Simon. 2001 ­(1987). “Hacia una estética de la música popular”. En Las culturas musicales,  Francisco Cruces (ed.), 413- 435.  Madrid: Trotta.
-     Ochoa, Ana María. 1998. “El desplazamiento de los espacios de la autenticidad: una mirada desde la música”. Antropología Nº 15 16 : 171 182.

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